Los seres humanos poseen una querencia metafísica por las ceremonias, los rituales, las danzas alrededor del fuego o los congresos eucarísticos.En los partidos políticos también existen este tipo de rituales-todo ritual sirve para que el grupo se dote de identidad-, incluso en los más laicos, pues éstos últimos, carentes de esa parafernalia trascendente que da lo sagrado y/o ultraterreno, necesitan incorporar una pátina de significados rimbombantes a todo aquello que represente continuidad y genere tradición, por muy exigua que ésta sea.
A menos que se renuncie de forma explícita al marxismo o de que se cambie de forma radicalmente abrupta la cúpula dirigente anterior, todo congreso suele tener unas contantes vitales más bien mortecinas, con aires de reunión familiar en torno a una mesa camilla, inevitable como lo puedan ser las fiestas navideñas y que, básicamente, permiten a algunos delegados viajar o acercarse a conocer ciertos museos.
Un Congreso, a veces, sirve para ligar. Otras, para fracturar un partido. Y algunas veces, no siempre, para pergeñar una nueva andadura basada en una auténtica renovación de cargos y programas, de sugerir nuevas ideas o proyectos renovados. Desde luego, el anterior y último Congreso del PSdeG en Pontevedra no pertenece a esta última categoría.
Y luego están las Conferencias. Que éstas, se apelliden “Políticas”, sólo sirve para aumentar la confusión reinante. Ya que los partidos políticos son guiados con mano de hierro por las cúpulas dirigentes, los comités o las comisiones ejecutivas, las conferencias políticas pertenecen más bien al terreno de las performances, las dramatizaciones del Actor`s Studio o los happenings sesenteros, pues su función primigenia ya hace mucho que se perdió en la noche de los tiempos.
Ya que, de los documentos elaborados por los delegados en éstas, poco caso se hará en el terreno de la práctica política. Ni siquiera servirán como marco teórico dónde los socialistas podamos identificarnos o refrescarnos las ideas o retomar algunos valores ( que, también, como Teruel, existen), pues un buen día nos revelan que bajar impuestos es de izquierdas o que el socialismo de los ciudadanos es lo último de lo último y de lo más fashion en estos tiempos posmodernos.
Los neoconservadores estadounidenses, a través de ese movimiento denominado "Tea Party”, han conseguido la conexión emocional entre público y mensaje. Esas celebraciones “festivas”, como exaltaciones purificadoras de la “buena nueva”, de esos ritos iniciáticos donde los valores autoreferenciales de siempre se esculpen bajo un lenguaje aparentemente atractivo, mediante el cual obtienen el “calor” necesario para conseguir llevar a cabo el ritual identitario entre emisor y receptor del mensaje, son otro ejemplo de cómo la derecha más ultramontana es capaz de dinamizar escenarios y audiencias.
La izquierda no debería, por tanto, en su lucha contra ese ideario ultra rancio oponer mensajes genéricos trufados de buenas intenciones, que ya pocos leen y con los que muy poca gente logra identificarse.
Por el contrario, se impone, pues, la urgencia de elaborar mensajes fuertes y potentes, dotados de la necesaria conexión emocional, para poder crear los imprescindibles marcos de referencia que actúen como esos conjuntos de valores donde la izquierda pueda encontrar (generar) el “granero de ideas” que, más tarde, sirvan para elaborar los programas electorales con los que poder seducir al (su) electorado.
No parece que ese sea el caso de la próxima Conferencia Política del 12- 13 de junio.
NEGRÍN