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MÁS VALE PREVENIR



El día 4 de marzo se publicó en el BOE la “Ley Orgánica 2/2010, de 3 de marzo, de salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo”, ley que contempla el llamado “cuarto supuesto”, aquel referido a la interrupción del embarazo por razones socio-económicas hasta entonces no recogidas en nuestra legislación ( los tres supuestos admitidos conforme a la Ley 9/1985 eran: grave peligro para la vida o la salud física y psíquica de la embarazada, cuando el embarazo fuera consecuencia de una violación o cuando se presumiera la existencia de graves taras físicas o psíquicas en el feto).

La despenalización del cuarto supuesto - que no ha hecho más que establecer seguridad jurídica en la regulación de la interrupción voluntaria del embarazo conforme sentencia de 20 de marzo de 2007 del Tribunal Europeo de Derechos Humanos «en este tipo de situaciones las previsiones legales deben, en primer lugar y ante todo, asegurar la claridad de la posición jurídica de la mujer embarazada».

Con ello se ha modificado el artículo 145 del Código Penal (con el fin de limitar la pena impuesta a la mujer que consiente o se practica un aborto fuera de los casos permitidos por la ley eliminando la previsión de pena privativa de libertad, por un lado y, por otro, para precisar la imposición de las penas en sus mitades superiores en determinados supuestos )lo que ha provocado las reacciones esperadas en los sectores más conservadores de la sociedad, con múltiples manifestaciones antiabortistas en varias ciudades españolas hace un par de fines de semana, incluyendo, entre los manifestantes, a numerosos miembros del PP ( Cospedal, Aguirre, Mayor Oreja…) y al ex presidente José María Aznar el cual expresó su rechazo a una reforma que “sobre pasa todos los límites”. Sorprende que, en los ocho años que fue presidente, no sólo no modificó la Ley del 85 sino que, en palabras de la ministra Bibiana Aído, se realizaron más de medio millón de interrupciones del embarazo.

Asimismo, múltiples asociaciones pro-vida así como la propia Iglesia Católica salieron a la calle con pancartas y reclamos acerca de esta ley que promueve « la vida, alegre y divertida» o «Zapatero, tu madre no abortó».

Estas asociaciones, manifestantes, instituciones religiosas y partido conservador ante argumentos y exposiciones que si bien abogan por el derecho a la vida ( recordemos, no obstante, que la tutela del bien jurídico en el momento inicial de la gestación se articula a través de la voluntad de la mujer) consideran que el despenalizar el aborto practicado en determinados plazos, puede suponer un aumento de los mismos como método anticonceptivo y forma de planificación familiar.

Sin embargo, el supuesto considerado como “terapéutico” por motivos psicológicos de la Ley del 85, ha servido como excusa para la práctica de la inmensa mayoría de los abortos llevados a cabo en este país, realizados, eso sí, en clínicas privadas. Es un hecho constatable la “libre” práctica de abortos realizados amparándose en este primer supuesto ( salud psíquica de la embarazada) que ha servido como “cajón de sastre” para no ampliar la legislación del aborto mediante esa conocida táctica del avestruz de“ si no se habla, no sucede”, la cual supone unos 19.000 abortos al año sólo en Andalucía. Lo que antes suponía un coladero para la interrupción del embarazo aduciendo motivos psicológicos de necesaria constatación en hospitales públicos ahora, con la nueva ley, se ofrece seguridad jurídica y médica ante una difícil decisión. La mujer encontrará respaldo médico y psicológico en centros de la red sanitaria pública sin tener que acudir a clínicas privadas y de una manera “clandestina”. ¿ A quién puede perjudicar que la mujer se vea respaldada y amparada jurídicamente?.

No obstante, y esto como reflexión personal, me queda un poso amargo con esta reforma ( que considero muy necesaria), y es que, ante una decisión indeseable de practicar un aborto, siento que falla la política de planificación familiar promovida por la Administración - responsabilidad compartida con la institución familiar - y por tanto, se produzca un aumento considerable de embarazos no deseados en adolescentes y en el número de abortos. Ese fracaso en la política de prevención debiera darnos qué pensar al respecto, al margen de cuestiones religiosas o ideológicas.

Porque como bien se dice, prevenir antes que curar. En este caso, prevenir antes que abortar.


Eva Martínez Acón.

¿Qué buscan esos obispos católicos?

Son la cúpula de la estructura viva que mantiene el Estado Vaticano en España y habida cuenta el número de ciudadanos que se declaran católicos y los pocos que lo practican no es que anden muy sobrados de fuerza social. De ahí llegan los problemas: Camino y sus correligionarios comprenden la realidad de una institución en total decadencia, incapaz a estas alturas de llenar las iglesias e incluso de mantener sacerdotes para atender los servicios en todas las parroquias. Lo que fueron y lo que son…

Ellos también saben que la sociedad ha cambiado, que los resortes que pulsaban para sostener y reproducir su poder ya no existen: la sociedad ahora es una sociedad mediática en que la conformación de la opinión pública se forja a partir de la actividad de unos media que dan cuartel a cualquier noticia que multiplique sus ventas. Y ahí están, generando noticias, intentando recuperar el protagonismo perdido. Necesitan estar en el candelero y a cualquier precio.

Pero todo tiene sus límites. Camino es un hombre enfermo de soberbia y prepotencia y se equivoca: la soberana estupidez de poner sobre la mesa la pena de excomunión a todos aquellos ciudadanos que apoyen la nueva Ley del Aborto se remata con la ocurrencia de exigir la rectificación urbi et orbi en caso de ser ciudadanos públicos: la presa elegida es el político católico socialista.

Muy torpe hay que ser para atacar a aquellos que nos apoyan en las filas contrarias precisamente porque no nos tengan por enemigos y recordemos que la alta jerarquía católica -estos que llevan la camisa azul debajo de la sotana- consideró siempre, y considera aún, a los socialistas enemigos de sus intereses. Entre estas personas públicas elegidas con frialdad y cálculo maquiavélico para arrastrar al auto sacramental, se encuentra el Presidente del Congreso, Sr. Bono. Es una víctima perfecta por dos razones: detenta uno de los papeles políticos más relevantes y es muy mediático.

No importa el contenido de la crítica, es mera justificación hipócrita y oportunista. Como el propio Bono advierte: "con el PP no tuvieron una actitud tan inquisitorial cuando mantuvieron una ley del aborto, la actual, más permisiva que la que está en tramitación". Ya, compañero Bono, ni de broma, se tragaron la ley en silencio, pues a la derecha sí la consideran amiga y cuando gobiernan no pueden montar el pollo mediático porque se quedarían solos.

El aborto les importa muy poco, de la misma forma que les importa muy poco que se mueran de hambre tres quintas partes de la población humana. ¿Alguien ha visto a estos fulanos salir a la calle a exigir el fin del hambre de una puñetera vez? No. Nunca. Ni una sola vez. Ellos aman el poder por encima de todas las cosas y su hipocresía es tan perversa que les lleva a estas contradicciones tan públicas como su sueño de protagonismo. Lo vemos todos porque ahora lo vemos todo: lo que se hace pero también lo que se huelga.

Es fácil concluir que ven perdido su imperio en España, ese poder sostenido sobre el terror a la hoguera y luego sobre el miedo al paredón. Retorcieron nuestra sociedad, mancillando nuestra libertad y humillándonos como a perros. Atacan de nuevo intentando fracturar, dividir, saliendo en los telediarios y poniendo a personas honradas en el brete de decidir lo que ellos no tienen derecho a preguntar.

¿Y que ocurrirá si de verdad se atreven a negar la comunión a Bono?

Que dios nos libre de la iglesia.



Carlos Raya