
Algunos jóvenes salen a la calle reclamando justicia y Espe, la nacionalcatólica pro golpista por antonomasia, les acusa de saltarse las reglas democráticas y de pergeñar un golpe de estado. ¿Qué modelo de democracia tendrá en la cabeza esta pájara que los ciudadanos no se pueden manifestar libremente sin ser reos de traición? ¿Hacia dónde nos arrastra esta gente?
La derecha tiene el paso franco, nunca mejor dicho, y no hay izquierda que les conteste, perdida en patéticos terrores, mediocres síndromes de Estocolmo y sueños centristas, cuando no nos sale un muerto viviente a soltar alguna burrada en la prensa local para acabar con toda esperanza de reforma la izquierda sin salirse de ella.
Y los del pasado no son el gran problema: peor es la carencia de nuevas generaciones, no hay más hornadas de socialistas y progresistas. Hay “punta pala” de frikis, pankis, heavys, pastilleros, gremlins y pagafantas, cada uno a su bola, pero todos unidos por el desprecio hacia los valores políticos y por la casta dirigente. Los armarios llenos de secretos y cadáveres son custodiados en partidos bunker por ancianos borrachos de soberbia y comportamientos que helarían la sangre de Capone. Los jóvenes no quieren tratos con las mafias.
El sistema democrático, tal y como lo conocemos, está en el ojo del huracán. La verdad, a estas alturas y contemplando el panorama, no me fío yo de lo que ocurra en unos años. Ojalá esto sea solo una mala tarde y mañana salga de nuevo el sol, ojalá no desemboquemos en una nueva revolución. ¿Cuánto costará la siguiente? ¿Quinientos millones de muertos?
Dentro de tres años nadie hablará de la crisis. ¿De qué hablaremos entonces? ¿Tendremos ganas de hablar o simplemente tendremos ganas de comer?
Mientras tanto, no somos capaces de ponernos de acuerdo: son galgos o podencos, ni tampoco en el color del cielo o de la hierba. Personalismos, envidias, cálculos y maquiavelos, miopías y fría maldad, trepas, trepas, trepas, una feria de garbanzos y caña tostada, gominolas, pergeñadores de chocolate y tiro al plato oscurecen toda esperanza, toda salida cercana. Me avergüenzo de los tiempos en los que vivo. Son días deleznables poblados por una generación de espectros que dilapida la herencia que nuestros mayores levantaron navegando ríos de sangre en sus propias calaveras.
Todo por no tener la valentía intelectual de ceder de una vez el testigo a las gentes preparadas para construir el siglo XXI, pues lo comprenden, lo viven, lo sufren…
Seguir en la lucha. No hay otra consigna ni consejo posible. La resistencia heróica ideada por Arhur Miller es la única práctica que trae paz a nuestra alma. La visión de los monstruos que pueblan nuestra realidad política cotidiana se desvanece cuando se lucha por la dignidad humana.
Unos prefieren luchar usando sus valores como si se tratara de un muro que los deja fuera, otros preferimos comprender que nuestros deseos son una cosa bien distinta de la realidad y que la dura verdad solo se puede transformar poniendo los pies en la tierra. (Perdón por hablar de mí mismo). Peras limoneras las justas. Le llaman "claudicar", pero yo miro mis propias manos y las tengo manchadas de pólvora dialéctica, fundidos mis cañones de tanto disparar ideas en campos de batalla tan reales como las Termópilas, Lepanto o las Ardenas, donde hay que estar dispuesto a salir herido por moderado o "fusilado al amanecer si te pasas de bolchevique".
¿Dónde se esconden los que tanto pregonan la verdad socialista?
Unos escondidos, negándose incluso al diálogo, tan puros son que no se quieren manchar en contacto –¡por dios!- con los estigmatizados. Ellos sueñan con decidir quien entra y quien sale, pero estos guardianes del “Das Kapital” y los “Grundisse”, con tanto romper lo unido dejan las puertas del templo abiertas al piélago. Si lo hacen a posta no se lo ponen más fácil. Y los tíos son honestos, pero torpes.
Otros, enfurruñados por no ser el Califa en el lugar del Califa, -como el infame Visir Iznogur- van por el mundo con mirada aviesa, “cagándose en too”, dando patadas a las piedras y enterrando minas contra los malos. Siempre hay alguien que paga las deudas de sangre con oro del rey. Es ley política, dicen, y el que la persigue la consigue aunque sea peinando canas o ya sin nada que peinar.
Resumiendo, prefiero la crudeza de la muralla con todas sus miserias que levitar en la paz de dios mientras asaltan el castillo. La justicia se consigue con actos. Los valores dirigen la acción que nos lleva a la victoria, no deben dirigirnos a la derrota.
No me considero en posesión de verdad alguna y por eso pregono el diálogo con todos, sin excepción, diálogo que tiene que traernos tiempos nuevos con gentes de todos los tiempos. Necesitamos todas las manos para salvar la plaza. Y si no, ¿cuál es la alternativa? ¿El Gominola Party? Ya te digo.
Carlos Raya
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Carlos Raya
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