EL DESASTROSO PROCESO DE CONSTRUCCIÓN EUROPEA

Es fundamental y hay que apoyarlo, sin duda, pero está muy mal gestionado. Hace tiempo publiqué un artículo muy extenso en la Fundación Sistema analizando país por país la aprobación de aquella “Constitución” Europea, según sus sistemas de aprobación. El cuadro resultante, con los datos oficiales encima de la mesa, es que aquel proyecto había sido aprobado en los despachos, por los “comisarios políticos del pueblo”, y que los pocos referendums se habían, o aprobado por los pelos, o con abstenciones descomunales; los otros se perdieron, y el resto se pasó exclusivamente por los Parlamentos (la casa de los “comisarios”). Hay una filosofía anti-social (no anti-socialista, aunque también), en la construcción europea por la cual al ciudadano se le ningunea, se le desprecia y no se le tiene en cuenta.

Aquel tocho descomunal que era el nuevo Tratado en su versión integra, y que solo servía para cuatro “frikis” del Derecho pero no para el 98% de los ciudadanos, no se la leyó nadie, la versión resumida algunos pero solo un puñado más. La religión partidista en España funcionó muy bien, pero en otros países con mayor tradición democrática les salió el tiro por la culata a los burócratas de Bruselas, y se dieron cuenta de que la ciudadanía no es un factor de una fórmula matemática, sino un ente vivo, que piensa, vive y opina. Al final, después de dos años de fastos grandilocuentes y el salmo a la religión europeísta consagrada en aquella Constitución, se tiró a la basura en meses, y un tiempo prudencial después, se aprobó un nuevo Tratado (esta vez ya sí sin la mentira del artificio democrático, es decir, íntegramente en los despachos y a la cara), y despacharon el expediente sin fiestas, y rapidito, que nos quema. El patetismo alcanzó entonces el sumun y la gente se dio cuenta de lo que había, desde el principio.

No podríamos llegar a colgarlo en la pared como la Constitución de los Estados Unidos, pero un Tratado resumido, con una doctrina básica y una serie de valores, que inspirarían el resto de los reglamentos y leyes interpretados por los Tribunales comunitarios, y presentado con pedagogía ante los ciudadanos de forma democrática para su aprobación hubiera sido, al menos, la forma correcta. De ahí se concluiría si lo que los legisladores europeos entienden por valores ciudadanos, y lo que realmente piensa la ciudadanía, al menos se parece, o directamente ellos viven encerrados en los despachos y llevan demasiado tiempo subidos al coche oficial.

Va a pasar mucho tiempo hasta que un nuevo paso en esta construcción pase por una urna, entre otras cosas porque lo que pensamos no les gusta. Casi se explica por si misma la consecuencia siguiente, y es que el proceso cada vez se alejará más de la calle, porque el rumbo no tendrá ligazón con la opinión popular (si no está ya difícil de ver en el horizonte donde queda la ciudadanía con respecto a la élite política). El argumentario de la clase política es el de siempre: la UE es una unión de Estados, el sistema electoral a las europeas con listas cerradas para elegir eurodiputados, los gobiernos elaboran las normas, elaboran los Tratados y además son votados en sus respectivas elecciones nacionales. Es una lógica de “paquetes”; en el paquete de la elección de gobierno, con sistemas normalmente bipartidistas, va incluida además de todas las cuestiones nacionales el rumbo de la UE, en el paquete ideológico y nacional, va incluída la elección cada cierto tiempo de los eurodiputados, y va incluída la firma de Tratados, de una UE que hoy en día emite derecho propio, e influye hasta en las cuestiones más próximas de nuestra vida diaria, y queremos que eso aumente.

Es una reflexión casi aritmética: si la opinión de la ciudadanía es una caja de color rojo y la metes en una caja amarilla y supone el 50% de la caja amarilla, y luego esa caja amarilla la metes dentro de una caja azul que es el 25% de la caja azul, y metes la caja azul en una caja marrón de la cual supone el 10%, la caja roja supone aproximadamente el 0,8% del total. Las jerarquías en los sistemas políticos son necesarias, para garantizar una cierta eficiencia y estabilidad, pero cuando los órganos intermedios se multiplican y se mezclan una cantidad innumerable de cuestiones de diferente naturaleza y contexto que se juegan a una sola carta con una sola papeleta, y cuando todo esto se convierte en excusa, para mantener un cierto estado de las cosas, que convierte la estabilidad en una especie de "paz social" en donde la libertad y un sentido mínimo de democracia se sacrifican, entonces dichos valores de "sana estabilidad" se corrompen, y se convierten en un burdo instrumento de contención de las corrientes de cambio, y no una cualidad más en un contexto de libertad y legitimidad democráticas suficientes.

Somos el 0,8% de un proyecto en el cual no pintamos nada. Es muy triste.

Manso azul

APRIORISMOS DEL MERCADO ELECTORAL

Estimado Gautama, estos lugares comunes que alegremente nos presentas como decálogo de no sé qué socialdemocracia, bien valen como fundamento estructural del programa electoral de cualquier partido democrático europeo, es decir, valen tanto para el discurso público de la derecha presidencialista de Sarkozy como para la moderada derecha socialdemócrata de Ángela Merkel, para los laboristas tercerviarios sajones, para la izquierda “sustituta” o zapateril, pasando por la democristianos, liberales, conservadores, conservacionistas o populistas como el tío “Berlus”.

Pero no te rasgues las vestiduras -si vas vestido, me refiero-, la culpa no la tiene aquel pensador tan profundo y apasionado como ingenuo. Que va. Por eso, a tu bola, cándido amigo. La compresión del escenario público como mercado electoral, (ausentes el debate ideológico, cosmovisiones divergentes y apuestas de riesgo fundamentadas en principios diferenciales autónomos), transforma la identidad del ciudadano libre en consumidor liberado -ahora también de ideas*- y se queda en la expectación –jamás escucha- de las maniobras orquestales que son interpretación calculada de la partitura escrita por las técnicos de venta y manipulación de masas; partitura que de forma cotidiana se aplica para vender un perfume, un viaje a Canarias o una cuenta bancaria.

No digo que tu decálogo de domingo por la tarde sea baladí, sino que es tan perfecto y sublime, incontestable en su infantil sencillez, que no pasa de enumerar lo políticamente correcto.

¿Y qué hacemos con estos mimbres? ¿La nueva izquierda? Si anduviera por aquí Willi, el amigo de la abeja Maya, nos preguntaría, ¿lo queeeeeeeeeé? Y se descojonaría de risa con la araña Tecla. (Y recuerdo a estos “dibus” por no sacar las cosas del contexto en que te sitúas.)

¿Necesitamos nuevas ideas en la izquierda? No sé. La pregunta quizá sea otra, a saber, ¿por qué sentimos la necesidad de nuevas ideas? ¿Por qué nos hastía el pensamiento progresista actual que compramos en el supermercado mediático? ¿Quizá, y precisamente, porque situada la izquierda en el eje de lo correcto/neutro no satisface las necesidades de autoconstrucción del mí (yo contextualizado) de todos aquellos individuos que aún creen que la sociedad se puede y se debe construir por ciudadanos reflexivos, libres y socialistas? (Un consumo que no satisface esa necesidad sino en los ciudadanos estandarizados.) Quizá el problema resida en la ambigüedad interesada del vendedor de helados y no en la ausencia de ideas socialistas en estado puro. Y si hacen falta ideas nuevas, Gautama, e ideas socialistas de futuro, estarás conmigo -y ahora espero que vestido- que no pueden ser las del heladero. Por otro lado, y no deja de ser cierto, la ósmosis que se produce entre los idearios fundamentales clásicos en búsqueda de la fórmula inocua que vender en el mercado electoral y alcanzar la equidistancia, no hace desaparecer la validez de aquellos, ni su actualidad tanto que base sobre la que edificar una praxis diferenciada, socialista. Pero, compañero, si te aburres, no pintes la Capilla Sixtina, que ya se lo curró Miguel Ángel.

Bueno, Gautama, la altura de tu texto me ha dejado exhausto, pero tengo que transmitirte un último temor antes de caer rendido: de tan concienzudo y refinado que eres, ahora dejarán de hablar de socialismo de salón y dirán socialismo de jardilín o vaya usted a saber, que esto de darle al coco tiene muy mala prensa entre los socialistas de pata negra, custodios de la raza y el libro sagrado. Tú dales obviedades. Eso, que ellos no tienen. Te digo.

Un abrazo fraternal de tu compañero Sísifo.


* Me refiero a que es liberado de la necesidad de buscar/encontrar “su” verdad (que explique “su” existencia y que constituye el contenido sustantivo de su ser singular), cubierta por la oferta de identidades lineales, difusas, cuya sola diferencia radica en la etiqueta exterior y la adscripción a un determinado grupo no ya de ciudadanos, sino de consumidores de líderes “tautológicos” tan neutros, al fin, como ellos mismos: espiral genética que cumple con perfección su doble función, por un lado, reproduce las estructuras y pauta las fisiologías sociales y, por otro, retroalimenta las adaptaciones evolutivas. Pero ojo, tengamos en cuenta aquí, que el medio ambiente inductor de tal evolución pertenece a esa misma entidad, marchando, si se quiere entender así, la sociedad sobre sí misma en un todo interinfluenciado. (Cuestión que comprenderás, sobre todo, desde el complejo pensamiento dialéctico que luces en tu artículo.)

APRIORISMOS SOCIALDEMÓCRATAS

Vivimos tiempos de confusión y turbulencias. La revolución tecno-científica de las últimas décadas no ha venido acompañada de las reformas institucionales y sociales necesarias que hagan más eficiente al sistema social vigente en las democracias occidentales. El descrédito de los partidos, el abstencionismo electoral de muchos ciudadanos y un desinterés creciente por la cosa pública no son sino parte de una sintomatología del desapego por parte de cada vez más segmentos de la población. La cristalización de una clase política ensimismada, elitista y alejada del sentir social general no es más que el punto central de la denominada ”crisis” de la política.

A este escenario confuso la izquierda europea no ha sabido o no ha podido aportar claridad, tanto en lo que refiere al campo de las ideas como al de la práctica política en su quehacer gubernamental. La reciente victoria de Silvio Berlusconi va más allá de la mera “anomalía italiana”. Zapatero se está convirtiendo en la “excepcionalidad española”.

Una izquierda perpleja, acomodaticia, poco innovadora, con escasa dosis de renovación teórica y doctrinal, poco diferenciada del discurso neoliberal posthacheriano dominante y cuya evidencia más clara es la preponderancia en la Europa de los veintisiete de los gobiernos conservadores, deberá esforzarse por “pensar la realidad” y pensarla de otra manera, paso imprescindible para la generación de alternativas creíbles al status quo actual .

Lo que sigue son, a mi parecer, un decálogo de los apriorismos todavía necesarios en el corpus doctrinal de los partidos socialdemócratas europeos. Ceder en estos puntos no sólo significaría perder el alma de lo que identifica a la izquierda, sino contribuir con mayores cotas de confusión a la confusión actual.

1) Radicalismo democrático. La izquierda debe defender una democracia “real” frente a los intentos continuos por parte de la derecha de descafeinarla. Rigurosa separación de poderes, prevalencia del Parlamento como sede de la soberanía popular, independencia del poder judicial y control y marcaje del poder del ejecutivo. Asimismo, defender la existencia de un cuarto poder-los medios de comunicación-verdaderamente independiente, pluralista y ajeno a todo tipo de injerencia partidaria.

2) Distribución de la riqueza. La socialdemocracia es una praxis política que postula la integración social y la defensa de los más débiles. Luchar contra la desigualdad salarial, la explotación internacional del trabajo-el dumping social- y el recorte del poder adquisitivo del trabajo frente al capital son conditio sine qua non de las posiciones socialdemócratas.

3) Progresividad fiscal. Una política fiscal que grave más a los que tienen más constituye la condición necesaria para acometer de forma consistente políticas redistributivas.

4) Crecimiento sostenible. El crecimiento económico tiene un límite: la destrucción de los recursos y el respeto a la sostenibilidad medioambiental. La socialdemocracia tiene que liderar el cambio de paradigma: frente a un capitalismo de rapiña existe la opción de un capitalismo sujeto a las restricciones necesarias para la subsistencia de los ecosistemas.

5) Derechos civiles. La izquierda debe ser el estandarte de la extensión de los derechos civiles a las minorías-por razón de sexo, raza, religión o cualquier tipo de creencias-.

6) La socialdemocracia debe ser la impulsora de un nuevo orden internacional alejado de la idea de hegemonismo imperial. Orden internacional basado en la Comunidad Internacional y la ONU, y multipolaridad frente a la pretensión un mundo unipolar dominado por una única superpotencia.

7) Empresa y mercado. La izquierda tiene que defender la economía de mercado y su corolario, la libre competencia, pero debe luchar contra el poder omnímodo de las grandes corporaciones y las multinacionales por su querencia a la dominación de los mercados.

8) Desarrollo de los países. La socialdemocracia debe liderar la lucha por el desarrollo equilibrado de los países. África y ciertas regiones de Asia y Centroamérica deberán ser los sujetos de esta política de ayuda internacional inaplazable. Un mundo que se desarrolla con los desequilibrios actuales está condenado a ser un mundo enfermo y con fecha de caducidad asegurada.

9) Industria de la guerra y escalada armamentística. El descontrol de la producción, distribución y venta por parte de la industria del armamento es incompatible con la paz, el equilibrio ecológico y los fundamentos del derecho internacional y la soberanía de los países. La izquierda tiene que posicionarse ineludiblemente en este gravísimo problema: la política de paños calientes es inútil y permisiva.

10) Terrorismo y seguridad. La batalla fundamental está en hacer compatible los derechos y las libertades con la seguridad de las personas. La ecuación a mayor seguridad, menor libertad, es una falacia que destruye la esencia del sistema democrático.


Un saludo socialista. Gautama

CUN PAR E POLOS CERROS DE ÚBEDA

Como xa expliquei nun artigo anterior, ningunha das tres posibilidades que tiña ZP con vistas a súa investidura me parecía axeitada (CiU, PNV+BNG, IU+BNG+ER) e desexáballe toda a sorte do mundo para que escollese ben.
Pois para min, admitindo que fixo da necesidade virtude, escolleu ben: saiu polos cerros de Úbeda (fermosa vila da provincia de Jaén de onde son Joaquín sabina, Muñoz Molina, e un moi bo amigo meu). É dicir, negouse a mendigar votos para a sesión de investidura, o cal sorprendeu a mais dun que se lamentou de que non se lle fixesen as beiras, “El PSOE se equivoca al optar por una táctica en la que quiere enfatizar la autonomía de su proyecto sin esforzarse en llegar a acuerdos…”, Jorquera dixit.

O caso foi que cos seus 169 votos, sen complexos por facelo en segunda volta, saiu investido presidente e as forzas minoritarias apresuráronse, a pesar de absterse ou incluso votar en contra, a mostrar a súa vontade de diálogo: CiU, “Nuestra abstención es compatible con nuestra predisposición al diálogo”; PNV, “Nuestra abstención de hoy es una abstención comprometida, proactiva, constructiva, que entraña un doble significado: crítico y esperanzador”; ERC, “Este de entrada no a su investidura no cierra por nuestra parte ninguna puerta”; etc.

Por descontado ZP sabe que para gobernar ten que contar co apoio dunha ou doutra/s forza/s, pero tamén éstas saben que para obter proveito político teñen que amosarse conciliadoras. Ninguén entendería, por exemplo, que unha lei que aumente, como prometeu no seu discurso de investidura, o salario mínimo aos 800€ sexa rexeitada polas forzas que se din de esquerdas, como BNG, IU ou ERC.
ZP optou por buscar apoios e acordos puntuais para sacar adiante o seu proxecto político, o que, sen dúbida, ten os seus riscos, mais todos sabemos que cando un pide un favor queda obrigado con quen llo fai, pois, como di o refrán, es de bien nacidos ser agradecidos. De momento ZP comezará a súa lexislatura sen necesidade de devolver favores, de ser agradecido, pero tamén coa imperiosa obriga de amosar a flexibilidade e habilidade necesarias para levar adiante o seu programa.

E aquí debería rematar o meu artigo, pero non podo evitar dar dúas pinceladas máis a este pequeno cadro.

Primeira pincelada: investidura
Gustoume o discurso de investidura, desbordante de optimismo antropolóxico, gustoume como sindicalista que son o do salario mínimo, a ampliación a 4 semanas do permiso de paternidade, o compromiso de traballar pola igualdade salarial entre homes e mulleres. Pero houbo algunha cousa que me desacougou: que quere dicir iso de que “ayudaremos a las empresas a que creen escuelas infantiles”?, que se renuncia a crear escolas infantís de titularidade pública?
En canto á política económica semella tendente á redución da fiscalidade: devolución dos 400€ e adianto nas devolucións do IVA ás empresas. Isto preocúpame porque, a pesar dos “superávits acumulados en los últimos años”, seremos quen de manter a ambiciosa política social prometida? Se cadra, a resposta esta no Segundo Plan de loita contra o fraude fiscal. Se recuperasemos o que se defrauda non habería dúbida.

Segunda pincelada: ministros e ministerios
Marcha Caldera que o fixo razoablemente ben e queda Magdalena, a ministra peor valorada polos españois, tanto pesan Chaves e Andalucía? E vén Sebastián, cuxo principal mérito como político e o seu estrepitoso fracaso nas eleccións ao concello de Madrid. A Educación, que xa ten poucos problemas, se lle suma asuntos sociais e familia e crease un ministerio de Igualdade. Non me parece axeitado, mais xa veremos.

Sempre admirei (e admiro) a ZP, que cun par, ten a estrana virtude de saír polos cerros de Úbeda e triunfar. Espero que o tempo e os feitos lle dean a razón.

Nota: Álvar Fáñez, caudillo de Alfonso VIII, anticipouse sete séculos niso de fai o amor e non a guerra, pois cando tiña que atacar Úbeda atopouse cunha moriña xeitosa de ollos como olivas e redondeados outeiros e o seu ardor guerreiro transformouse en cálido amor. Cando Alfonso lle preguntou onde se metera respondeu, cun par, “por esos cerros, señor”.

Desde Montealto, capital de capitais, Gerardo Morano

POLÍTICAS DE LA NATURALEZA

A lo largo de los últimos decenios han pasado a formar parte principal del debate público una serie de temas relacionados con la conservación de la naturaleza. Así, entre otras, hoy día las referencias a las distintas problemáticas medioambientales conforman un capitulo fundamental de los programas de todos los partidos políticos: la mayoría con planteamientos de base prácticamente idénticos. Lo mismo a nivel social, todos nos hemos vuelto – o puesto – “verdes”; sobre estos temas todo el mundo tiene alguna opinión. Sin embargo, y desgraciadamente, en la mayoría de los casos, manejamos unos manoseados lugares comunes, dando por supuestos problemas y soluciones que han dejado de serlo hace años (si alguna vez lo han sido).

El problema del medio ambiente empieza por definir o saber qué entendemos por medio ambiente. No se trata de un asunto baladí o de interés tan sólo para ociosos teóricos universitarios. En absoluto, es el planteamiento de base del que hemos de partir para poder tener un criterio propio y sólido a partir del cual poder juzgar, opinar, y, finalmente, votar las distintas opciones que se nos planteen sobre estos temas.

El tema, aunque en una primera impresión lo parezca, no es fácil (menos explicarlo en pocas líneas). En primer lugar, habría que decir que no hay medio ambiente, hay medios ambientes; igual, podríamos decir que no hay naturaleza sino naturalezas. El medio ambiente o la naturaleza están íntimamente relacionados, dependen de nuestras actividades, decisiones, proyectos; en definitiva, de lo que nosotros hagamos con ellos. No solamente hay una sociedad multicultural, sino también una multinaturaleza (Bruno Latour). Precisamente, la idea de una única naturaleza es la debilidad del ecologismo, pues la naturaleza ya no puede ser defendida como algo dado, estático, incuestionable, eterno, que no admite ninguna intervención. En definitiva, la naturaleza no es algo unitario e indiscutible, sobre la que se aplica una ciencia unificada y una tecnología no controvertida (Daniel Innerarity).
Se ha roto, si alguna vez existió, el monopolio de las llamadas ciencias (frente a las letras) sobre el tema del medio ambiente. Hoy los procesos a los que nos enfrentamos –por ejemplo, el calentamiento global– exigen decisiones que no pueden estar basadas en contrastados y seguros datos de laboratorio. El laboratorio es el mundo, la escala es uno igual a uno, el tiempo es el tiempo real. La ciencia ha perdido el monopolio del poder asegurado. Por lo tanto, las decisiones no se pueden basar en lo que dicen los especialistas, tienen que ser decisiones políticas, basadas, por lo tanto, en procedimientos democráticos.

Durante mucho tiempo se han hurtado a la decisión democrática las políticas sobre la naturaleza (todavía hoy, algunos gestores administrativos del medio ambiente, pretenden seguir haciéndolo). Falazmente, se han aducido –y aducen– unas supuestas e indiscutibles “razones científicas y técnicas”. Al igual que ocurrió en el ámbito social, tampoco en el medioambiental la Izquierda puede admitir decisiones basadas en hechos o datos consumados, por muy científicos que se pretendan. Creo que la Izquierda se debe enfrentar a esta situación, devolviendo al debate público, a la participación democrática y a la decisión política, las auténticas políticas de la naturaleza.

José Luis Rego

PENAMOA, PENAMOA

Veinticuatro bofetadas
veinticinco bofetadas
después mi madre a la noche
me pondrá en papel de plata.

Creo que máis dun veciño de Novo Mesoiro bota de menos aqueles tempos nos que a un xitano se lle daban vintecinco bofetadas e outras tantas patadas e solucionábase o problema da delincuencia. Fosen ou non fosen, eles levábanas.

Un xornal maledicente e tendencioso informa de que hai irregularidades na concesión das vivendas, pois adxudicáronse a persoas que presentaron un DNI falso, que teñen débedas co concello e non sei que máis andrómenas. Pero, son estas irregularidades as que preocupan aos veciños?, son motivo suficiente para cortar o tráfico da principal vía de comunicación da cidade? NON.

O motivo que dan os veciños de Novo Mesoiro, Eirís e algún barrio máis é que se trata de persoas que trafican con droga. Quen son? Se identificaron aos morosos do concello, aos que teñen dezanove coches e demais andrómenas que identifiquen aos traficantes de drogas que aparecen nas listas. Se saben quen son, que os denuncien e que a policía actúe. E saber, sábese, alomenos iso di o devandito xornal, que todo o mundo coñece aos camellos, que son membros de tres coñecidos clanes familiares. Por que non os denuncian?Porque tampouco ese é o auténtico motivo. O auténtico motivo subxacente é a animadversión moi estendida, máis do que cremos, á raza xitana.

Guardia civil caminera
dadme unos sorbitos de agua
agua con peces y barcos
agua, agua, agua, agua.

Os xitanos teñen as súas peculiaridades e costumes, que non temos que compartir, pero polo feito de seren españois e galegos teñen os mesmos dereitos ca nós. Son españois e galegos. Tamén galegos, aínda que non falen galego, como tampouco o falan, por desgraza, moitos habitantes de pel clariña da nosa cidade.

Dous cortes de tráfico da principal arteria de entrada e saída da nosa cidade e tres manifestacións, nas que tamén obstaculizaron todo o que puideron o tráfico, ante a mera posibilidade de que realoxaran veciños de Penamoa no seu barrio. Nunha pasaxe da mellor novela publicada ata día de hoxe, Don Quijote, practicamente nú, tírase dos cabelos, fírese coas rochas do monte e laméntase amargamente da inconstancia sentimental da súa amada Dulcinea. Sancho dille que non é certo, ou cando menos non hai constancia de que sexa certo que a tal Dulcinea sexa culpable de semellante pecado e que, polo tanto, deixe de facer tolemias. A isto Don Quijote respóndelle, máis ou menos (falo de memoria), amigo Sancho, si hago esto en seco que no hiciera en mojado. O mesmo digo eu destes iracundos veciños de Novo Mesoiro, que non farían en mollado?

Tanta ira, demagoxia tanta cando aínda non hai ningún traficante xitano diante dos seus portais, cando as autoridades todas, municipais e autonómicas, negan a maior, cando aínda non se adxudicaron as vivendas, cando aínda non sucedeu nada. Gustariame ver a estes cidadáns despregar as mesmas enerxías en mellores e máis comprometidas ocasións. Por certo, a outros, por moito menos zoupáronlles abondo.

¡Ay mandor de los civiles
que estás arriba en tu sala!
¡No habrá pañuelos de seda
para limpiarme la cara!

Nota 1: O tráfico de drogas non é exclusivo dos xitanos, tamén os payos trafican.
Nota 2: Ninguén pode escoller aos seus veciños.
Nota 3: Eu, Damasceno Monteiro, non vivo nun barrio de señoritos, no meu barrio, na miña rúa hai xitanos, os meus fillos xogan no recreo con nenos xitanos e todos tan contentos.
Nota 4: A animadversión a unha raza chámase xenofobia, en romance máis común, racismo.
Nota: 5: O poema fragmentado e intercalado no meu humilde artigo pertence, como xa imaxinarían, ao grande Federico García Lorca.

Sempre socialista, mais sempre en galego, Damasceno Monteiro.