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UNO DE LOS NUESTROS



A pocos días de las elecciones municipales, todos los partidos políticos se afanan en convencer al electorado de sus logros o méritos con diferentes actos e inauguraciones para presentar, los menos, a un nuevo candidato o para revalidar al que actualmente ejerce como alcalde o como cabeza de lista en la oposición.

Y mientras invierten tiempo y energía en tal propósito, a fin de fidelizar a su electorado y convencer al indeciso, sorprende que hagan oídos sordos al descontento y rechazo general que supone la inclusión en las listas a imputados por corrupción como si esto fuese un “inconveniente” menor, máxime cuando la credibilidad de la profesión está bajo mínimos y qué menos que pedir a los candidatos honradez y honorabilidad, además de profesionalidad.

Desde cohecho a prevaricación pasando por tramas urbanísticas, la inclusión de, al menos, 10 imputados por el caso Gürtel en la comunidad valenciana es el caso más sangrante. Camps consiguió el apoyo del comité provincial, se autoproclamó candidato con el silencio cómplice de Rajoy, quién se olvidó de aquel código ético anunciado a bombo y platillo lleno de obviedades acerca del ejercicio de la función pública como no malversar, prevaricar o aceptar sobornos, que son en sí mismos, hechos tipificados como delito y por tanto, no era necesario “recordarlos” a sus militantes o candidatos. Da la sensación de que ese código ético no ha sido más que una mera campaña de marketing de cara a la galería y un “consejos vendo pero para mi no tengo”.

La gravedad del asunto es que no es el único partido con una larga lista de imputados, aunque viendo el “corruptómetro” nacional, el PP es el que se lleva la palma. Esto hace que te cuestiones con qué cara se les puede reprochar a los demás partidos esta práctica, cuando uno mismo defiende la inclusión de imputados ( como si un juez imputase alegremente delitos sin tener indicios o sospechas que van más allá de una duda razonable) amparándose en la presunción de inocencia pero que al ciudadano nos despierta desconfianza hasta que el asunto no quede del todo claro.

¿ No habrá militantes suficientes en cada partido para formar parte de las listas? ¿ por qué no se deja a la militancia votar mediante listas abiertas la inclusión de candidatos en base a criterios mínimos de honradez? ¿ por qué nos imponen a individuos que, mientras no se resuelva judicialmente esos procesos, no debieran concurrir en listas e incluso, ser suspendidos de la militancia?.

Claro que se ve la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio, porque los delitos que se imputan a los demás no son tan graves como los que se imputan a los de tu propio palo, por eso de que el código Penal distingue entre colores y gestiones, y la prevaricación en un caso es delito y en otro simples actuaciones administrativas inherentes al cargo.

“ Es uno de los nuestros” parece pensar cada partido para sus adentros. Y los demás pensamos que hay que tener grandes tragaderas para no sonrojarse ante los ciudadanos e intentar colarnos semejante cartel.

Eva Martínez Acón.




DERECHA, CORRUPCIÓN Y TOLERANCIA

Un colectivo humano es la suma de los deseos, necesidades, voluntades,de sus miembros que, por lo general, se agregan y asocian para alcanzar juntos determinados objetivos- el más esencial de ellos la mera supervivencia-, caminando así en pos de un horizonte común.

Asimismo, un partido político, como colectivo humano que aglutina un conjunto similar de creencias, doctrinas, valores, sistematizaciones explicativas de sus integrantes, tiene una finalidad evidente: transformar determinadas parcelas- sociales, culturales, económicas... - de la realidad mediante el empleo de todas las herramientas a su disposición, que son muchas y variadas.

El buen o mal funcionamiento de esta maquinaria política tendrá que ver con el grado de ajuste y encaje de criterios entre sus miembros; con la especialización idónea en las distintas funciones de la estructura de sus integrantes; con que las desigualdades internas- las distintas distribuciones de poder y responsabilidad que vayan surgiendo- además de fomentar determinada eficiencia funcional del organismo, garanticen una implicación y participación de la mayor parte de los actores, condición Sine qua non para una sólida cohesión interna.

Entre las desviaciones o disfunciones más comunes que se pueden dar en ese trayecto, figura siempre el mal uso que del poder y de la gestión de lo público se puede hacer en aras de sombríos intereses personales. Así, la corrupción política y todos sus afluentes suelen estar a la orden del día en la panorámica política: nepotismo, tráfico de influencias, fraude, financiación ilegal, malversación de fondos públicos …

Y aquí no hay excepciones, pues la corruptela y el envilecimiento en la gestión de lo público es susceptible de salpicar todas las ideologías, valores e intenciones. Izquierda, centro y derecha, Filesa, Gürtel y Gal, comisiones del 3% a cambio de licencias urbanísticas, Galeotes, Camps … y este estado de cosas distorsiona enormemente la visión que los ciudadanos tienen de sus políticos, acrecentando su decepción y desencanto con el mundo de la política.

No existe todavía el mecanismo perfecto, la criba infalible, para detectar a tiempo, previamente, en un colectivo de miles de personas, a aquellos elementos indeseables cuya única vocación es la del incremento del patrimonio propio o la del uso despótico e interesado del poder y que carecen de cualquier atisbo de conducta ética y ecuánime en la gestión de lo público.

Lo más sorprendente de todo esto es la dispar percepción que de un nivel de corrupción dado de sus representantes ideológicos y de su condena en las urnas tienen los simpatizantes de las distintas ideologías, y es que mientras, por regla general, la concepción más progresista y de izquierdas tiende a castigar sin paliativos a los corruptos, la mentalidad de una gran parte de votantes de derecha se inclina a restarle importancia a estas dinámicas disfuncionales.

Así, generalmente, la propensión de la derecha es al castigo en las urnas sobre todo en casos de división, indisciplina, diversidad de criterios, falta de firmeza, mientras que la izquierda parece sancionar en primer lugar aquellas aptitudes corruptas y el mal uso de lo público y del poder.

La mentalidad de derechas es más laxa con las prácticas corruptas de sus miembros, tal y cómo comprobamos en los distintos comicios e intención de voto en aquellas comunidades autónomas más enlodadas por estas prácticas.

Quizá tenga esto que ver con la confusión que en la mentalidad de derechas todavía existe entre lo público y lo privado, o con la falta de madurez política y cívica o, incluso, con la cultura del lucro y el beneficio y otras aspiraciones materiales que han formado y forman parte indistinguible y esencial del credo político de la derecha, que para disfrazar un poco su inveterada desideologización en los tiempos que corren ha tenido que recurrir en los últimos tiempos a clonar ciertas partes del argumentario progresista: políticas sociales, igualdad, solidaridad, ecologismo, feminismo …

En definitiva, que Esperanza Aguirre arrasó en Madrid tras el "Tamayazo," que Camps sube en intención de voto en Valencia y que una gran parte de los votantes del PP consumen y disfrutan con orgullo y sana envidia( ¡quítate tú para ponerme yo!) de las prácticas ilegales que con su dinero e ilusión llevan a cabo sus representantes políticos.

No es de extrañar que se hable de la Berlusconización del PP y sus votantes, que demuestran un estómago y tolerancia ante la corrupción a prueba de bombas y que seguramente suscribirían al pie de la letra lo que dejó dicho A. Malraux: “En la política es a veces como en la gramática: un error en el que todos incurren finalmente es reconocido como regla”.

P.D: Ah, y recordad que hoy sábado se retrasa una hora el reloj y que a las 3:00 serán las 2:00. Una hora más para dormir la mona, hacer el amor o ir de copas no viene nada mal de vez en cuando.

Saludos de Jim, el chacal siberiano, a tod@s.