Mostrando entradas con la etiqueta plazas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta plazas. Mostrar todas las entradas

El gusto es mío

Vaya por delante que tal vez no tenga un gran sentido de la estética, aunque es bien cierto que gustos, como personas hay en el mundo, así que previo a este escrito, pido disculpas por mi ignorancia.

Qué quieren que les diga, a mi esta nueva configuración de las ciudades no me gusta mucho y ya no refiero a edificios “inteligentes” que apuestan por el ahorro energético e implantación de paneles solares en sus tejados, o con domótica que te permiten hacer hasta la colada llamando por teléfono desde Benidorm, ni tan siquiera me refiero a la fisionomía de ciertas fachadas un tanto atípicas y pintorescas que rompen con la estética del resto de los edificios de su misma acera. Supongo que el arquitecto querrá hacer de dicho edificio arte que se mantenga durante la vida útil del inmueble.

Me refiero a la configuración de las nuevas plazas que parecen todas clónicas, sin un elemento que las diferencie unas de otras, y las haga únicas.



Un ejemplo. La plaza Pontevedra. En mis años de vida en esta ciudad, he visto varias modificaciones, desde un plaza llena de grafittis allá por los ochenta, a una configuración de ladrillo a la vista, múltiples reparaciones hasta la plaza que es hoy. No suelo cruzarla muchas veces, quizá porque soy más de ir por la acera de enfrente, pero no pude evitar fijarme en ella hace unos días. Ese nuevo estilo de cemento visible, con marquesinas de acero y cristal para la parada de autobús, una fuente que puedes pisar y meter los pies si no te fijas, y una figura blanca de la paloma de la paz, como único “aderezo”. Lo demás, tan minimalista y sin sustancia que, con franqueza, ni la miras. Hasta los árboles son grises, nada que ver con pobladas ramas de árboles centenarios. Es más, ni los pájaros se posan en sus ramas… ¿qué ramas?. Eusebio da Guarda debe estar con tremendo disgusto porque un instituto emblemático, que aparece en fotos muy antiguas de la ciudad, debiera ser resaltado de alguna manera con una plaza vistosa, de estilo clásico, acorde con la estética y antigüedad del mismo.

Pero mi – repito- pésimo gusto se extiende hacia la nueva plaza de los edificios de la antigua fábrica de tabacos. ¿ se han parado a mirarla? Acaban en un segundo. Más de lo mismo. Un espacio diáfano, con algún árbol y mucho, mucho cemento, en claro contraste con la plaza de la Palloza, más vistosa, más verde, en una palabra, más plaza. He ahí dónde me replanteo eso del gusto, que el mío no debe ser muy moderno, y me he quedado estancada en el siglo pasado y por tanto, la modernidad pasa por espacios abiertos, carentes de artificio, diáfanos o asépticos. Pero qué quieren que les diga, tal vez si plaza es privada, la comunidad de propietarios se ahorra el contratar un jardinero que les pode los árboles y les corte el césped, y siempre será más fácil una empresa que haga la limpieza y barra un espacio libre de obstáculos.

Y sigo con plazas. Ahora que se están realizando obras próximas a la calle Orillamar, tras la retirada de la polémica estatua a Millán Astray, me he quedado un tanto expectante sobre qué tipo de plaza tienen proyectado hacer en dicho espacio, que afectaría incluso a la Plaza de España, plaza que me gusta tal cual está.

Claro que, observando, me sorprende que en La Marina, al lado del parque de los columpios, desde que tengo uso de razón, hay un espacio sin césped, de tierra que nunca ha sido reformado y que constituye uno de los puntos más visible de la ciudad, y ya no sólo para los que vivimos en ella, sino para los visitantes que llegan de crucero, es prácticamente lo primero que ven.


Reitero que soy yo la del mal gusto, y que mi concepto de plaza o parque está un poco demodé. Para mi plaza es un sitio donde los árboles crecen, las flores florecen, los pájaros trinan, y bajo la sombra de un acogedor árbol, te sientas en un banco de madera y puedes relajarte una tarde cualquiera, leyendo o simplemente, viendo pasar la gente. El problema es que ahora al verlas no puedo evitar pensar, "¡qué plaza más triste ! ".

Eva Martínez Acón