Mostrando entradas con la etiqueta coruña. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta coruña. Mostrar todas las entradas

NAUFRAGIOS


Traducido al cristiano, genius loci significa “espíritu del lugar”, uno de los conceptos más invocados por los teóricos de la arquitectura, que han expresado de distintas formas la conveniencia (más bien necesidad) de que todo edificio se adapte a las características del lugar en el que se levanta. Otra historia es qué entienda cada uno por espíritu del lugar y por adaptación al entorno. Para muestra, la que está montando Eisenman (que tiene sus propias y peculiares ideas sobre el tema) en el monte do Gozo. Al final, como decía Eva, el gusto es suyo.

Personalmente el asunto del genius loci me resulta particularmente interesante porque milito en la creencia de que malamente puede construirse nada (edificio, empresa, institución, jardín, hijo o lo que sea) en desconexión con lo que antecede, con las características y antecedentes sociales, ecológicos, climáticos, culturales, gastronómicos y de todo tipo del entorno. O con su historia que, como alguien dijo, se repite siempre.


Por eso me ha llamado gratamente la atención enterarme por un artículo de prensa de que César Antonio Molina, en el acto de su merecido nombramiento como hijo predilecto de A Coruña, ha sugerido que en el entorno de la Torre de Hércules se construya un museo de los naufragios. Esto es, aprovechar que hay que construir el centro de interpretación de la Torre para asociarlo con el hecho de que la Costa da Morte es una de las zonas que concentra más naufragios por metro cúbico de mar en el mundo y hacer un museo que lo cuente y explique. Una oportunidad magnífica para crear un museo con estilo y con espíritu y no otro contenedor vacío, aunque supongo que más de uno habrá pensado que vaya idea más chunga y extravagante la de dedicar un museo a algo tan desagradable como los naufragios.

Hay un libro que recomiendo encarecidamente para los amantes del mar: se llama Naúfragos de antaño, su autor es Juan Campos Calvo-Sotelo y habla de algunos de los naufragios más famosos que se produjeron en estas costas en el siglo XIX. Por citar uno, el del Captain, el barco más vanguardista de la flota militar inglesa de su tiempo, que en una noche de 1870 se hundió a unas 30 millas al suroeste del cabo de Finisterre llevándose al fondo a 471 miembros de su tripulación, aproximadamente la misma cifra de bajas inglesas que se produjeron en la batalla de Trafalgar. Así, una lista infinita de barcos que naufragaron antes o después de pasar por delante de la Torre de Hércules. Un mar con historia, no un mar desmemoriado, ese es el mar de Finisterre y el mar de la Marola y el mar que rompe a los pies de la Torre desde hace casi 2000 años.

Ese mar es, por ello, tan único y singular que habría que dedicarle a él y a sus naufragios el museo de la Torre porque el mar y su faro más antiguo y sus naufragios son lo mismo. Ya sé que en Vigo hay un museo del mar. César Antonio Molina también. Pero este sería un museo de los naufragios a través del cual se interpretaría la Torre que servía para intentar evitarlos.

En definitiva, habría que hacer caso a César Antonio Molina porque no solamente fue un gran ministro de cultura que sirvió de catalizador para que se consiguiera la declaración de la Torre como patrimonio de la humanidad sino que, además, ejerce de coruñés y de gallego y es una de las cabezas mejor amuebladas en cuestiones de gestión cultural que hay por estos lares y cuando sugiere que se haga un museo de los naufragios y no un museo de la hamburguesa doble con extra de queso, sabe de lo que habla y habla de lo que sabe. Y cuando dice que no hay que construir más en el entorno de la Torre y que hay que respetarlo, también.


Pablo Arangüena

El gusto es mío

Vaya por delante que tal vez no tenga un gran sentido de la estética, aunque es bien cierto que gustos, como personas hay en el mundo, así que previo a este escrito, pido disculpas por mi ignorancia.

Qué quieren que les diga, a mi esta nueva configuración de las ciudades no me gusta mucho y ya no refiero a edificios “inteligentes” que apuestan por el ahorro energético e implantación de paneles solares en sus tejados, o con domótica que te permiten hacer hasta la colada llamando por teléfono desde Benidorm, ni tan siquiera me refiero a la fisionomía de ciertas fachadas un tanto atípicas y pintorescas que rompen con la estética del resto de los edificios de su misma acera. Supongo que el arquitecto querrá hacer de dicho edificio arte que se mantenga durante la vida útil del inmueble.

Me refiero a la configuración de las nuevas plazas que parecen todas clónicas, sin un elemento que las diferencie unas de otras, y las haga únicas.



Un ejemplo. La plaza Pontevedra. En mis años de vida en esta ciudad, he visto varias modificaciones, desde un plaza llena de grafittis allá por los ochenta, a una configuración de ladrillo a la vista, múltiples reparaciones hasta la plaza que es hoy. No suelo cruzarla muchas veces, quizá porque soy más de ir por la acera de enfrente, pero no pude evitar fijarme en ella hace unos días. Ese nuevo estilo de cemento visible, con marquesinas de acero y cristal para la parada de autobús, una fuente que puedes pisar y meter los pies si no te fijas, y una figura blanca de la paloma de la paz, como único “aderezo”. Lo demás, tan minimalista y sin sustancia que, con franqueza, ni la miras. Hasta los árboles son grises, nada que ver con pobladas ramas de árboles centenarios. Es más, ni los pájaros se posan en sus ramas… ¿qué ramas?. Eusebio da Guarda debe estar con tremendo disgusto porque un instituto emblemático, que aparece en fotos muy antiguas de la ciudad, debiera ser resaltado de alguna manera con una plaza vistosa, de estilo clásico, acorde con la estética y antigüedad del mismo.

Pero mi – repito- pésimo gusto se extiende hacia la nueva plaza de los edificios de la antigua fábrica de tabacos. ¿ se han parado a mirarla? Acaban en un segundo. Más de lo mismo. Un espacio diáfano, con algún árbol y mucho, mucho cemento, en claro contraste con la plaza de la Palloza, más vistosa, más verde, en una palabra, más plaza. He ahí dónde me replanteo eso del gusto, que el mío no debe ser muy moderno, y me he quedado estancada en el siglo pasado y por tanto, la modernidad pasa por espacios abiertos, carentes de artificio, diáfanos o asépticos. Pero qué quieren que les diga, tal vez si plaza es privada, la comunidad de propietarios se ahorra el contratar un jardinero que les pode los árboles y les corte el césped, y siempre será más fácil una empresa que haga la limpieza y barra un espacio libre de obstáculos.

Y sigo con plazas. Ahora que se están realizando obras próximas a la calle Orillamar, tras la retirada de la polémica estatua a Millán Astray, me he quedado un tanto expectante sobre qué tipo de plaza tienen proyectado hacer en dicho espacio, que afectaría incluso a la Plaza de España, plaza que me gusta tal cual está.

Claro que, observando, me sorprende que en La Marina, al lado del parque de los columpios, desde que tengo uso de razón, hay un espacio sin césped, de tierra que nunca ha sido reformado y que constituye uno de los puntos más visible de la ciudad, y ya no sólo para los que vivimos en ella, sino para los visitantes que llegan de crucero, es prácticamente lo primero que ven.


Reitero que soy yo la del mal gusto, y que mi concepto de plaza o parque está un poco demodé. Para mi plaza es un sitio donde los árboles crecen, las flores florecen, los pájaros trinan, y bajo la sombra de un acogedor árbol, te sientas en un banco de madera y puedes relajarte una tarde cualquiera, leyendo o simplemente, viendo pasar la gente. El problema es que ahora al verlas no puedo evitar pensar, "¡qué plaza más triste ! ".

Eva Martínez Acón


CORUÑA ILUSTRADA, LIBERAL, REPUBLICANA, GALLEGUISTA, COSMOPOLITA


Centro y hogar de las ideas liberales en Galicia. Eso era A Coruña para Manuel Murguía, coruñés de la parte de Arteixo. Y por ello, a lo largo del siglo XIX, A Coruña se apuntó a casi todos los pronunciamientos que se produjeron contra el absolutismo y el conservadurismo en España. Así, para empezar, tras un pronunciamiento que tuvo éxito en la burguesa Coruña pero no llegó a cuajar en el clerical Santiago, murió ahorcado en el Campo de la Leña en 1815 Juan Díaz Porlier, que había llegado a Mariscal de Campo a sus 27 años por méritos de guerra contra el ejército napoleónico, un personaje a quien con total seguridad considerarían, desde ese momento, coruñés adoptivo mujeres como Juana de Vega, de ilustre familia herculino y esposa de otro militar levantisco, Espoz y Mina, la cual utilizó siempre su influencia, desde su casa de la Calle Real o desde el exilio, para favorecer la expansión de las ideas progresistas y liberales, o la propia Emilia Pardo Bazán, mujer rompedora que escandalizó a la sociedad de su época escribiendo mejor que sus coetáneos masculinos y haciendo cosas que hasta ese momento eran impropias de mujeres, moral sexual incluída.


En medio de una Galicia dominada por los caciques y la Iglesia, A Coruña (que nunca tuvo obispado gracias a Dios y pese a Francisco Vázquez) fue siempre el bastión del republicanismo, obteniendo sucesivas mayorías sus representantes en la ciudad, culminadas en la creación de la ORGA- más tarde integrada en la Izquierda Republicana de Azaña, en la que militaba mi abuelo- por el CTV Santiago Casares Quiroga, presidente del gobierno republicano el 18 de Julio de 1936, uno de los personajes más odiados por los sublevados y cuya memoria, difamada y tergiversada durante años, se trata de preservar en la Casa Museo de la calle San Andrés.

En el nacimiento de la ORGA participó también Antón Vilar Ponte, que en 1916 había sido fundador de las Irmandades da Fala, surgidas también en A Coruña, precisamente en los locales de la Real Academia Galega, cuya sede y archivo están todavía en la calle Tabernas. Casares Quiroga murió en el exilio, como tantos otros que tuvieron que poner tierra de por medio, como Luis Seoane, cuya Fundación se encuentra también hoy en Coruña, exiliado en Argentina, o Emilio González López, exiliado en EEUU. Fatídicos momentos históricos que narra Manuel Rivas, galleguista y coruñés de pro, en su novela “Os libros arden mal” o el compañero Luis Lamela, entre otros libros suyos, en “A Coruña, 1936”.

A toda esa caudalosa tradición no debe ser ajeno el hecho de ser una ciudad abrazada por un mar- “Despertar Marítimo” se llamaba curiosamente aquel sindicato que ayudó clandestinamente a escapar a muchos en la guerra civil- por el que navegó siempre el espíritu del cambio y azotada por vientos que oxigenan el cuerpo, despejan la mente y refrescan las ideas, justo lo que hace falta en la política coruñesa, que tiene que ponerse a la altura de personajes como los que he invocado y ser capaz de reinventar esta ciudad, abierta a sí misma, a Galicia y al mundo como siempre trató de serlo, lejos de ese lugar fatuo, impermeable y sin memoria de su historia en que algunos se esfuerzan en convertirla.


Pablo Arangüena

Imagen: Monumento a Curros Enríquez en Coruña

La asamblea de los socialistas coruñeses

El convencimiento que anima a los individuos del Partido Socialista, la disciplina que entre ellos existe y la clara idea que tienen de los esfuerzos que exige la obra que han de realizar, les da una serenidad y unos ánimos a propósito para aprovechar toda circunstancia favorable y para hace frente a las que sean adversas.

Por virtud de estas condiciones, la marcha del Partido Socialista es tan regular, que nada la detiene y altera.

Pablo Iglesias, 1 de mayo de 1903


Hoy, los socialistas coruñeses nos reuniremos en Asamblea para elegir a los representantes que acudirán al Congreso del que resultará elegida la nueva ejecutiva gallega. Tras la derrota electoral, necesita el socialismo gallego recomponer sus filas y encontrar, de entre ellas mismas, a los militantes que mejor estén preparados para liderar los nuevos tiempos que están por llegar. No es ello sino una oportunidad para mejorar, reforzar nuestro imponente mensaje social, modernizándolo y adaptándolo a los cambios que los ciudadanos imprimen a la realidad social en el ejercicio cotidiano de sus libertades constitucionales.

Es nuestra responsabilidad como militantes coruñeses tener muy presentes las palabras de nuestro Fundador, Pablo Iglesias, y acudir hoy a la Asamblea de todos los compañeros del Partido Socialista, y debemos hacerlo con serenidad, disciplina y la altitud de miras que Iglesia advertía en sus compañeros y se placía en publicar con orgullo a los cuatro vientos. Es en estos momentos adversos cuando debe emerger el ánimo socialista y con visión de futuro y máxima responsabilidad, votar en conciencia para encontrar los nuevos caminos que nos lleven a la aceptación mayoritaria de la ciudadanía gallega y de nuevo a ejercer el buen gobierno de nuestra tierra.

Hoy, como siempre fue y siempre será, brindaremos a la sociedad coruñesa un nuevo ejemplo de comportamiento democrático, de superación y de responsabilidad política. Y aquellos elegidos por la militancia tendrán la obligación de transmitir la fuerza, el ánimo y solidaridad que son bandera y consigna de la Agrupación Socialista Coruñesa y llevarla al Congreso Nacional con la seguridad de que su palabra es la palabra de todos, desde la unidad que resulta de la libre elección de alternativas y desde los valores que nos alcanzan a todos por igual.

Salud y buena suerte a todos los candidatos. Salud y buena suerte a todos los militantes.

Izquierda21