Personalmente el asunto del genius loci me resulta particularmente interesante porque milito en la creencia de que malamente puede construirse nada (edificio, empresa, institución, jardín, hijo o lo que sea) en desconexión con lo que antecede, con las características y antecedentes sociales, ecológicos, climáticos, culturales, gastronómicos y de todo tipo del entorno. O con su historia que, como alguien dijo, se repite siempre.
Hay un libro que recomiendo encarecidamente para los amantes del mar: se llama Naúfragos de antaño, su autor es Juan Campos Calvo-Sotelo y habla de algunos de los naufragios más famosos que se produjeron en estas costas en el siglo XIX. Por citar uno, el del Captain, el barco más vanguardista de la flota militar inglesa de su tiempo, que en una noche de 1870 se hundió a unas 30 millas al suroeste del cabo de Finisterre llevándose al fondo a 471 miembros de su tripulación, aproximadamente la misma cifra de bajas inglesas que se produjeron en la batalla de Trafalgar. Así, una lista infinita de barcos que naufragaron antes o después de pasar por delante de la Torre de Hércules. Un mar con historia, no un mar desmemoriado, ese es el mar de Finisterre y el mar de la Marola y el mar que rompe a los pies de la Torre desde hace casi 2000 años.
Ese mar es, por ello, tan único y singular que habría que dedicarle a él y a sus naufragios el museo de la Torre porque el mar y su faro más antiguo y sus naufragios son lo mismo. Ya sé que en Vigo hay un museo del mar. César Antonio Molina también. Pero este sería un museo de los naufragios a través del cual se interpretaría la Torre que servía para intentar evitarlos.
En definitiva, habría que hacer caso a César Antonio Molina porque no solamente fue un gran ministro de cultura que sirvió de catalizador para que se consiguiera la declaración de la Torre como patrimonio de la humanidad sino que, además, ejerce de coruñés y de gallego y es una de las cabezas mejor amuebladas en cuestiones de gestión cultural que hay por estos lares y cuando sugiere que se haga un museo de los naufragios y no un museo de la hamburguesa doble con extra de queso, sabe de lo que habla y habla de lo que sabe. Y cuando dice que no hay que construir más en el entorno de la Torre y que hay que respetarlo, también.
Pablo Arangüena


