Este artículo surge a raíz de un comentario de un amable compañero, Vaticano, sobre la relación, según el inevitable, entre socialismo y ecologismo, el ecosocialismo. Comentario que me da píe para poner sobre la mesa uno de los problemas más importantes para el ser humano como especie: la destrucción ambiental.
Decía que según algunas opiniones, socialismo y ecologismo son lo mismo, o por lo menos están íntimamente, inevitablemente, casi fatídicamente relacionados. Directamente: no estoy de acuerdo. La teoría del “colapso ecológico” relacionándola con el mito – sí, mito, a las pruebas me remito – del inminente “hundimiento o colapso del capitalismo” no tienen ninguna base (parece que nos hemos anclado cómodamente en la 1º Internacional). Intentaré explicar por qué digo esto.
Desde luego, yo no soy ningún especialista en marxismo (me muevo en el conocimiento común, que no lugar común), pero tengo entendido que su tesis básica se centraba (y centra) en el reparto de la escasez mediante la justicia social; hoy, el neoliberalismo promete superar las dificultades del reparto de la escasez mediante la superproducción (apoyándose, entre otras, pero básicamente, en la técnica).
Pero lo que todos los sistemas sociales, teorías económicas, propuestas políticas, o cómo se quiera, prometían y prometen (desde luego, el marxismo clásico; también, el capitalismo – con Adam Smith, Freeman y sus Chicago boys, etc., hasta llegar al Mr. Bush Jr., Aznar y seguidores –; el socialismo, desde el socialismo real – el chico Stalin, el amigo Mao, y compañía – hasta la socialdemocracia europea) es el bienestar material para toda la población. Para ser más exactos: prometían y prometen conseguir el mayor bienestar material posible para todos mediante el crecimiento económico a costa de la explotación sin límite (insostenible) de los recursos naturales del planeta. Una especie de ansia subliminal de retornar al Paraíso perdido. Reitero, el socialismo (desgraciadamente, Vaticano), también.
En 1972, el Club de Roma, pública su famoso informe, “Los límites del crecimiento” –fundamental para la sensibilización ambiental, y, por supuesto, para el denominado moviendo ecologista–. Dónde, precisamente, por primera vez, se critica de forma clara, precisa, y contundente, ese modelo de crecimiento insostenible. Después pasaron muchas cosas en las que ahora no me puedo extender.
Tampoco puedo entrar en qué se puede entender por ecologismo (o movimiento ecologista), en dónde, por cierto, hay de todo. Como, tampoco, por supuesto, en la definición de bienestar o bienestar material, discusión que puede alcanzar hasta niveles metafísicos.
Lo que sí quiero adelantar es la siguiente idea: unos análisis iniciales denotan que el objetivo de implementar un tipo de desarrollo sostenible (respetuoso con la capacidad de recarga de la biosfera) exige inevitablemente, si somos mínimamente rigurosos, el cuestionamiento y revisión de nuestros modelos económicosociales actuales (con consecuencias y efectos que todavía, en gran parte, probablemente sólo atisbamos). Entre esos modelos está, también, el estado social (Constitución, Título I, capítulo III). Reitero, no caigamos en el error de pensar que hay, actualmente, sistemas económicosociales más “ecológicos” que otros. Si todos hemos comprobado los desastres ecológicos del socialismo real; a la par, la maldad ecológica de Mr. Bush Jr., Howard y compañía; la socialdemocracia, gran defensora del estado social, también ha contaminado y contamina mucho, incluso más (al tener mayores tasas de activad general). Entre otras cosas, porque todos parten, como hemos visto, de la misma premisa básica: bienestar, cada vez mayor, a costa de la explotación ilimitada de los recursos naturales, una ancestral búsqueda de la especie humana del Paraíso perdido. Pero, los recursos naturales son limitados – lo queramos o no –, ése es el problema.
Creo que ése es el auténtico debate, en especial para el socialismo y la socialdemocracia: estado social/desarrollo sostenible. Se admiten sugerencias…
Termino, dudo que el siglo XXI sea el siglo del neomarxismo, de lo que estoy seguro es que será el siglo del desarrollo sostenible, o no será. Y, para eso, nos tenemos que hacer mayores y aceptar, de una vez por todas, que no hay Paraísos (ojalá), pese a lo que dice el Vaticano.
José Luis Rego Vecino