El goteo de dimisiones, deserciones, declaraciones sobre falta de liderazgo o de confianza que se están produciendo últimamente en el PP hacen pensar en una estrategia de acoso y derribo perfectamente diseñada por una mano negra que mueve los hilos en la sombra para tumbar al pobre Mariano, al que en ocasiones parecen echarle humo las orejas de tanto pensar en QUIÉN está detrás y cómo hacerle frente.
Al hilo de todo esto parece que últimamente están descubriendo en el PP que su sistema interno de funcionamiento democrático no funciona. De todos los partidos mayoritarios del arco parlamentario es el único cuya reglamentación permite que la militancia prácticamente tenga imposible crearle problemas a la dirección, un verdadero trasunto de la ética franquista, pero aplicado a la democracia. En esa forma de proceder reside su fuerza y, como suele suceder, reside también su debilidad. Cuando el antiguo aparato socialista preparó la sucesión en Almunia, el partido aupó a Borrell, y cuando más tarde se quiso aupar a Bono, el partido por la mínima otorgó la jefatura a un desconocido Zapatero, el resto es historia, pero al PSOE no puede decirse que le haya ido mal.
Aznar tiene entre sus no sobradas virtudes, la de haber encauzado al PP hacia el poder; con cualquier otro líder lo más probable es que lo hubiese obtenido en 1993, gracias a la mediocridad del personaje tuvieron que esperar tres años más. El mismo líder popular, fue capaz de, con una mayoría absoluta y la economía viento en popa, cargarse todo ese rédito y abocar a su partido a la oposición, y solo en dos años, todo un fenómeno.
A la derecha española le queda ahora decidirse: el aznarismo en versión Aguirre, la tecnocracia en versión Rato- Costa o una decidida apuesta por el futuro a través de la articulación de una derecha moderna aún corriendo el riesgo de un cisma.
El aznarismo conecta bastante con esa derecha payasa que actualmente triunfa en Europa y que personifican Sarkozy y Berlusconi, esa derecha sin discurso ni programa que se vale de la vieja táctica romana del pan y circo para que todo siga igual mientras siguen creciendo las cuentas corrientes de sus principales valedores: ¿no recordamos ya al intermediario hermano de Sarkozy y a los magnates que sostienen a éste último, o al yernísimo de Aznar, por no hablar del maestro y eterno hacedor de fortunas bajo el paraguas del poder que actualmente gobierna en Italia? ¿Es en ese páramo moral en el que pretenden situar España los aznaristas en versión Aguirre? Pues bien, aun siendo éstas las pretensiones últimas del esperpento neocon que actualmente recorre el mundo, lo que más me irrita no es tanto la finalidad inmoral que subyace tras ese liberalismo mal entendido que propugnan, sino la ineficacia en la gestión que tales políticas pretenden esconder. La Presidenta Aguirre escenifica un caos en la sanidad madrileña con la intención de echar la culpa a las políticas de gestión pública cuando lo único que se evidencia es la incapacidad de los concretos gestores políticos de esa sanidad, curiosamente todos ellos populares desde la debacle en 1995 de Leguina.
Mientras el PP siga pretendiendo contentar a tirios y troyanos, sólo podrán soñar con regresar al poder cuando el PSOE acuse el desgaste propio de una larga estancia en el mismo. Es lo que le pasa a los partidos que carecen de un ideario propio y se mueven por tácticas de marketing.
Hasta la fecha, el único partido que ha tenido vocación de gobernar desde el centrismo sociológico (entiéndase en versión centro-izquierda) es el PSOE, eso le ha permitido gobernar durante 18 de los 31 años que han transcurrido desde 1977, y eso mismo le permitirá mantenerse en el poder como mínimo hasta 2012. El PP ensayó un centrismo (en versión centro-derecha) entre 1996 y 2000, cuando estaba necesitado de apoyos parlamentarios con los nacionalismos, ese forzado ensayo, unido a la crisis que por aquel entonces vivía el PSOE, le permitió obtener la mayoría absoluta en 2000; sin embargo cuando mejor iban las cosas para los populares, Aznar decidió quitarse la careta y mostrar su verdadera faz, derecha pura y dura, y por demás incompetente, algo que acompañado con la típica incapacidad de gestión propia de esa derechona logró que un recién llegado ZP pusiese al PSOE al borde del empate técnico con el PP en fechas previas a aquel 11-M de 2004. Esa, y no el posterior atentado, es la verdadera medida del fracaso del aznarismo que ahora de nuevo nos quieren vender en versión Aguirre. Mientras la derecha montaraz no salga del PP y se busque la vida por libre, los populares seguirán como marionetas sin comprender las claves por las que transita el electorado español, limitándose a ser más un recurso cuando el resto falla, que una alternativa real con presencia política.
Por su parte, nuestro país se puede permitir perfectamente, mal que le pese a la COPE, los presuntos errores del gobierno ZP, ya que los ciudadanos tienen claro que cualquier cosa es mejor que “los otros”.
Ornitólogo
Al hilo de todo esto parece que últimamente están descubriendo en el PP que su sistema interno de funcionamiento democrático no funciona. De todos los partidos mayoritarios del arco parlamentario es el único cuya reglamentación permite que la militancia prácticamente tenga imposible crearle problemas a la dirección, un verdadero trasunto de la ética franquista, pero aplicado a la democracia. En esa forma de proceder reside su fuerza y, como suele suceder, reside también su debilidad. Cuando el antiguo aparato socialista preparó la sucesión en Almunia, el partido aupó a Borrell, y cuando más tarde se quiso aupar a Bono, el partido por la mínima otorgó la jefatura a un desconocido Zapatero, el resto es historia, pero al PSOE no puede decirse que le haya ido mal.
Aznar tiene entre sus no sobradas virtudes, la de haber encauzado al PP hacia el poder; con cualquier otro líder lo más probable es que lo hubiese obtenido en 1993, gracias a la mediocridad del personaje tuvieron que esperar tres años más. El mismo líder popular, fue capaz de, con una mayoría absoluta y la economía viento en popa, cargarse todo ese rédito y abocar a su partido a la oposición, y solo en dos años, todo un fenómeno.
A la derecha española le queda ahora decidirse: el aznarismo en versión Aguirre, la tecnocracia en versión Rato- Costa o una decidida apuesta por el futuro a través de la articulación de una derecha moderna aún corriendo el riesgo de un cisma.
El aznarismo conecta bastante con esa derecha payasa que actualmente triunfa en Europa y que personifican Sarkozy y Berlusconi, esa derecha sin discurso ni programa que se vale de la vieja táctica romana del pan y circo para que todo siga igual mientras siguen creciendo las cuentas corrientes de sus principales valedores: ¿no recordamos ya al intermediario hermano de Sarkozy y a los magnates que sostienen a éste último, o al yernísimo de Aznar, por no hablar del maestro y eterno hacedor de fortunas bajo el paraguas del poder que actualmente gobierna en Italia? ¿Es en ese páramo moral en el que pretenden situar España los aznaristas en versión Aguirre? Pues bien, aun siendo éstas las pretensiones últimas del esperpento neocon que actualmente recorre el mundo, lo que más me irrita no es tanto la finalidad inmoral que subyace tras ese liberalismo mal entendido que propugnan, sino la ineficacia en la gestión que tales políticas pretenden esconder. La Presidenta Aguirre escenifica un caos en la sanidad madrileña con la intención de echar la culpa a las políticas de gestión pública cuando lo único que se evidencia es la incapacidad de los concretos gestores políticos de esa sanidad, curiosamente todos ellos populares desde la debacle en 1995 de Leguina.
Mientras el PP siga pretendiendo contentar a tirios y troyanos, sólo podrán soñar con regresar al poder cuando el PSOE acuse el desgaste propio de una larga estancia en el mismo. Es lo que le pasa a los partidos que carecen de un ideario propio y se mueven por tácticas de marketing.
Hasta la fecha, el único partido que ha tenido vocación de gobernar desde el centrismo sociológico (entiéndase en versión centro-izquierda) es el PSOE, eso le ha permitido gobernar durante 18 de los 31 años que han transcurrido desde 1977, y eso mismo le permitirá mantenerse en el poder como mínimo hasta 2012. El PP ensayó un centrismo (en versión centro-derecha) entre 1996 y 2000, cuando estaba necesitado de apoyos parlamentarios con los nacionalismos, ese forzado ensayo, unido a la crisis que por aquel entonces vivía el PSOE, le permitió obtener la mayoría absoluta en 2000; sin embargo cuando mejor iban las cosas para los populares, Aznar decidió quitarse la careta y mostrar su verdadera faz, derecha pura y dura, y por demás incompetente, algo que acompañado con la típica incapacidad de gestión propia de esa derechona logró que un recién llegado ZP pusiese al PSOE al borde del empate técnico con el PP en fechas previas a aquel 11-M de 2004. Esa, y no el posterior atentado, es la verdadera medida del fracaso del aznarismo que ahora de nuevo nos quieren vender en versión Aguirre. Mientras la derecha montaraz no salga del PP y se busque la vida por libre, los populares seguirán como marionetas sin comprender las claves por las que transita el electorado español, limitándose a ser más un recurso cuando el resto falla, que una alternativa real con presencia política.
Por su parte, nuestro país se puede permitir perfectamente, mal que le pese a la COPE, los presuntos errores del gobierno ZP, ya que los ciudadanos tienen claro que cualquier cosa es mejor que “los otros”.
Ornitólogo